17 marzo 2010

Voluntad y eternidad.

" ¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿No está dispuesto a prevenir la maldad, aunque podría hacerlo? Entonces es perverso. ¿Está dispuesto a prevenirla y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo? ¿No será que no está dispuesto a prevenirla ni tampoco puede hacerlo? Entonces, ¿para qué lo llamamos Dios? "

Epicuro de Samos.

Con frecuencia me pregunto si los demás hombres pasan por las mismas situaciones que parecen aquejarme, a menudo (o tal vez no tanto) me han dicho que yo no soy igual a los demás, y es algo que he podido también observar en ciertas personas a mi alrededor, personas a las que en cierta manera puedo llamar amigos. Personas que tal vez no vea muy a menudo pero si tengo el placer de recordar apacibles cenas o “viajes” (ellos saben a lo que me refiero).
¿Qué es lo que pasa con nosotros? ¿Qué nos hace tan distintos? Pequeños hábitos no pueden hacer tan grandes diferencias, aquí me permito parafrasear a Hesse cuando dice que ciertas cosas que en épocas actuales vemos como atroces, en su momento fueron visto como necesarios, como lo más normal. Las cosas fuera de su época el hombre actual no las entiende ni las entenderá, así como la quema de brujas llegó a ser visto como lo más natural del mundo o la guillotina durante el terror en Francia, personas fuera de su tiempo siempre han sido visto raros, como Nietzsche, sólo por mencionar un claro ejemplo. Somos personas fuera de nuestra época, apenas y encajamos por ese motivo, pero no es que tengamos costumbres medievales sino que pensamos con algo que aún no está, por ello no pertenecemos ni nos pertenece nada ahora, lo nuestro está más allá...
Schopenhauer habla de una voluntad que lleva al mundo hacía lo malo, todo es necesariamente malo y la única manera de salir de ella es ver dentro de nosotros mismos para sabernos parte de ella, todos nosotros influimos en lo mal que irán las cosas y recomienda un escape de ella a través de las artes y la apreciación de las mismas. Lo maravilloso de las artes es que nos hacen ver, aunque sea por pequeños instantes, una vida maravillosa, bella, casi divina. No imagino a alguien que no se sienta maravillado ante la música de Bach o Beethoven, o incluso la más moderna como el Jazz, las bellas imágenes regaladas por Van Gogh o las palabras de Cortázar. Muchas veces los artistas, sea cual sea su arte, vive en miseria comparado con el resto de la gente, el mundo está dividido en dos planos, el superficial que vemos todos los días y el de abajo, en el que nos encontramos nosotros, ansiosos espectadores en busca de respuestas, que no pertenecemos al otro mundo pero deambulamos en él mientras que los de arriba nunca entenderían el nuestro. Al mundo superior le pertenecen las riquezas y delicias, a nosotros nos pertenecen las verdades y algo que no se consigue con la vida, nos pertenece la eternidad y un distinto tipo de voluntad, de la que habla Nietzsche, la voluntad nihilista, creadora y destructora. A ambos planos le pertenecen sus pensadores. Mientras que en el superior glorifican a Platón, creador del actual sistema político y educativo, corrupto y mentiroso, a nosotros nos pertenece el olvidado Epicuro, enterrado por siglos de dominación cristiana por parecer peligroso para la misma.
No pertenecemos a esta época y por eso nos es tan difícil movernos dentro de ella, ni siquiera nos pertenece este mundo, a él pertenecen comerciantes adinerados, ricos propietarios de un todo, pero de ellos no se hablará después de su muerte mientras que de nosotros, Epicúreos, se hablará por la eternidad. No nos pertenece ni tiempo ni espacio o materia alguna, pero lo eterno y la voluntad para ello está siempre en nosotros.
Amigos, camaradas míos, en nosotros está el cambiar desde lo actual para mejorar lo venidero. Dentro de nosotros no hay sólo hombres, ni monos, tal vez haya, tigre, lobo, león, ahí está nuestra fuerza.