11 abril 2010

Odt sin nombre...

   Si me preguntaran cuándo la conocí, contestaría que nunca fui ajeno a ella. Desde que tengo memoria la buscaba, sencilla, enigmática, soñadora. Cuando caí en cuenta de la suprema belleza de su ser no lo pude creer, la metafísica quebrantada, lo inmaterial realizado, soñada y hecha carne. Desde muy joven el viento gritaba su nombre en un lenguaje incomprensible a los oídos del hombre, el sol tenía su rostro y quemaba hasta lo más hondo tan sólo de voltear la mirada hacia ella, y el mar su cuerpo. La naturaleza me llevó a ella todo el tiempo y ese “hola” me hizo entender la vida misma, lo que dentro de mí tantos años se encontró doloroso. Amada y dolorosa Dulcinea. Tantos años de anhelarla que cuando al fin la tuve frente a mí, supe que la conocía de toda la vida pues siempre algo en mi interior me decía que era a mí lo que yo a ella. Gloriosa y triste Dulcinea.

***

   Una tarde de otoño vino a mí, la hoja del almendro calló desde lo medio y voló hasta la entrada del café describiendo una historia que sólo hasta el día de hoy alcancé a comprender. Salía presurosa con un paquete de libros bajo el brazo, sus anteojos opacados por la neblina de la mañana, tan temprano y fuera de casa, sólo estaba ella de paso y yo apenas me dirigía al departamento, una noche bohemia sobre los hombros se sacudió de golpe con el estremecimiento que me causó su andar, ligero, casi flotando pero veloz, dirían que el fin del mundo la perseguía y para mí era apenas el comienzo. Me acerqué a ella (más para saber si era real que para presentarme) con pasos torpes causa de continuas rondas de merlot en casa de Oliva. Al estar a tan sólo metros de distancia cogió el colectivo frente a un aparador en el mercado, y qué bueno, no fue sino hasta llegar a mi edificio que noté mi estado tan malo, la imagen que me daba el espejo era lastimosa, no sabía su nombre y ya deseaba que fuera ella al otro lado del cristal.
   “What did I long for? I never really knew”... La primera dama aún estaba en mis recuerdos de la noche anterior. Nunca fui gran admirador del “vocal” aunque ella iba más allá. Oliva tenía una impresionante colección de Ella, sin mencionar a Amstrong y Monk. Su departamento estaba ubicado cerca de la universidad donde hasta hace apenas unos meses estudiábamos todos juntos, en el tercer y último piso del modesto edificio color marrón decorado al estilo urbano (que otros llamarían simple vandalismo). Destruíamos y volvíamos a armar el mundo a nuestra manera, “La manera”. Teníamos el principio de que en toda revolución hay dos papeles, el movimiento armado y el intelectual. Nosotros nos armábamos de alcohol y escupíamos intelecto pestilente a uva fermentada. Éramos cuatro. Oliva, Aguilar, Montés y yo. Debíamos ser los únicos idiotas que no frecuentaban cafés para discutir los temas de actualidad pues creíamos simple presunción elevar la voz con palabras rebuscadas en una terraza frente a una taza de café más que endulzado. Teníamos como lema un poema de Baudelaire, “Embriagaos, de vino, poesía o virtud”... Y Ella es poesía y virtud pura.

3 comentarios:

Winterchaos dijo...

Qué cursi! Ya me dio vergüenza haberlo publicado u.u

Clarisa dijo...

A mí me gustó mucho. ¡Acordate de que tenés que venir a presentarlo a Rosario! ;)

Un abrazo.

Pandora dijo...

HA! Dios, casi lloro, fascinante, al menos en este momento y en este lugar hubo una alineacion de emciones que se combinó con una serie de múltiples factores que hicieron que en el justo instante de leer tu entrada me haya parecido fascinante. Es decir, no exagero.
Puedo ponerte en li blacklist?
=)