09 mayo 2011

¡Llegar a ser!

Últimamente he retomado bastante a Nietzsche, no tanto sus lecturas pero sí bastante unas reflecciones que tenía en mente desde hace ya un tiempo y que se fueron empolvando un poco pero, a raíz del libro en el que ando ahorita, todo el polvo se fue de un soplo contundente y todas estas ideas regresan frescas a mí. 
La que más me ha golpeado últimamente es la del fin último de la humanidad pues, como ya he mencionado antes (en post de otros blogs que lamentablemente ya no están disponibles), un trabajo intelectual que debe competer a cada ser humano debe ser el de crearse su propia moral rompiendo totalmente con lo impuesto anteriormente al inicio de éste ejercicio pero sin olvidar nada de lo aprendido en el trayecto, todas estas herramientas sirven en el viaje tan conocido que emprende el camello por el desierto (mencionado en "Así hablaba Zarathustra") para alcanzar la libertad al final de las tres metamorfosis. Recordemos que primero el alma se transforma en camello, carga con todo y se lanza al desierto, ahí sufre el alma una segunda transformación, la del león para enfrentarse al dragón de los dogmas, a los deber ser establecidos y al final, venciendo y quitando de nuestra vista hasta la última escama, nos volvemos niños, auténticos super-hombres libres de toda moral impuesta, masa fresca en nuestras manos para crearnos a nosotros mismos y, así, llegar a ser lo que somos.
Llega a ser lo que eres se repite constantemente en el libro que leo, pero si estos ejercicios de construcción de moral dan resultados tan distintos entre nosotros (se me ocurre por tanto como gente se declara existencialista o nihilista según se pregunte a alguien). Sin ser estos códigos morales, bien dan como resultado la construcción del propio, y aquí es donde tal vez no me entiendo con Nietzsche. Si este es fin para toda la humanidad, en calidad de humanos y pasando todos por el mismo proceso, se me ocurre que el resultado sea el mismo pues se dejan de lado memes (aquellas unidades de transmisión cultural), lo que no se olvida es lo aprendido, sí, proveniente de la sociedad y por tanto de la cultura dentro de la cual crecimos [noten que incluso yo me siento confundido], pero los dogmas y reglas son olvidados, por lo tanto la cultura siguen influyendo en el resultado final del proceso para llegar al niño. ¿Será entonces que sólo los alemanes pueden llegar a ser como Nietzsche? ¿Entonces dónde queda la figura del actual hombre cosmopolita? Tal vez la posible riqueza de super-hombres ha quedado atrás, esa diversidad la cual Nietzsche no tomó en cuenta sea ya cosa del pasado antes de haber sucedido siquiera. O no.
También se me ocurre que, si bien es cierto que el hombre ha dejado atrás rasgos culturales característicos de la sociedad a la que pertenecen, la figura del Estado aparece ahora de manera fulminante, pues si en este mundo globalizado, plano y gris, si algunas cosas son inmensamente diversas son las formas de vida y las formas de Estado, existiendo tantas como se pueden combinar entre ellas. Por tanto es que creo que dentro de un Estado autoritarista y represor pueden encontrarse hombres igual de revolucionarios y en un Estado que ha formado sociedades líquidas, la aparición de un super-hombre es muy escasa, tal vez ni sepan que se puede llegar a ser, pues para ello necesitan rigidez, el Estado se ha convertido en la creadora de la sociedad o lo que la distingue dentro de la sociedad internacional, permitiendo o reprimiendo ciertas cosas, basándose y creando sistemas económicos por los cuales se rigen las sociedades, dando pautas de cómo hacer las cosas, por tanto, es el Estado quien dice si se crean o, mejor dicho, si deja que se creen estos niños.

Miguel Castillo, 9 de Marzo de 2011.

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