21 septiembre 2012

Hojas de hierba


249. Positivo y negativo: Ese pensador no tiene necesidad de nadie para refutarle: se encarga él mismo de ello.
Friedrich Nietzsche

Cierto día de sol, brisa y desasosiego,  un hombre pensó que aquel sería un buen día para morir y, decidido a terminar con el pesado andar sobre viejas huellas escuchó un murmullo, de tan dentro de sí que parecía lejano. Yo soy el tú que aún ama y, por tanto, aún podría amarnos. Si me dieras la oportunidad, podría crecer hasta llenarte y hacerte ver que aún hay caminos que no conoces. A lo que el hombre, ni tardo ni perezoso, contestó: habla.

***

Amo el peligro de las metáforas, devoro versos con la mirada, interiorizo las palabras y siento la carga más pesada sobre mis hombros. ¿Qué es preferible, el peso o la levedad? Imposible dar respuesta, ni la dualidad de Parménides la contesta. Resulta ocioso creer que una vida pueda dividirse entre algo tan simple como la polaridad.
            Ocio, romper el cerco entre las cuerdas y la afrenta, si la respuesta no se encuentra en el irresponsable y dudoso devenir, ¿dónde buscarla? La respuesta es que no existe tal respuesta, que todos, incluso después los alemanes (Schopenhauer y Hegel si quiere nombres) no han logrado comprender, que el devenir no está ni en lo fenomenológico o en lo material, que el devenir es tan cuento de hadas como lo que le contaban a las doncellas en siglos pasados, y que la naturaleza en inmóvil no importa cuanto el mundo gire alrededor del sol, ni cuanto la mente de vueltas a un problema una y otra vez.

No, no se puede negar el devenir, si has dicho que la vida es afrenta, que la sangre hierve cuando el alma se rompe y la mente se templa, si la mente llora mientras el corazón festeja, si el hombre se enamora cuando más agoniza. No, no creo que el devenir sea imposible, pero es que trabaja bajo un modelo de micro-funcionalidad, no mueve el mundo pero sí conciencias, ¿y qué sería del mundo sin el movimiento impreso en cada paso de los hombres? Y, a pesar de cualquiera, hay quienes no recorren caminos ya transitados.
            Ahora mismo, incluso, este ejercicio dialéctico es sin duda molécula componente del devenir…

            Pero qué hastío. Si veo bien hacia dónde se dirige esto, nos veremos envueltos en ejercicios del tipo platónico y socrático pero que, ante todo, ciertamente es dialéctico. Sin embargo, la conciencia del hombre que actúa como resultado de una contradicción tal como ésta aun así no mueve el mundo. Es el mundo, mi amigo, lo material, lo que da forma a nuestro pensamiento, y es así esto un clavo más sobre la tumba de la filosofía hegeliana,  aunque mi mente no da forma al mundo sino a la inversa, esto no explica el movimiento mismo de la voluntad, sólo el hombre la posee y sólo se mueve a sí mismo.

Pruebas de lo contrario nos rodean, y gracias por lo de amigo. El hombre cuya voluntad usted menciona han transformado el mundo a su alrededor y éste, a su vez transformado y ambientando la vida de los hombres, cambia la manera en que cada hombre, en cada contexto geográfico y cultural, transforma las mentes y por tanto las voluntades, ahí está su devenir.

            Pero yo al principio le hablé de la carga más pesada, das schwerste Gewicht de Nietzsche, mi amigo. De aquel eterno retorno que condena los actos del hombre para la eternidad, de aquella levedad que se imprimen en todos los actos mediante la repetición eterna de los mismos. Siendo esto cierto aquellas contradicciones de las que habla vienen valiendo nada, pues nuestros actos ya han sido actuados, nuestros pasos dados y nuestros sueños, por tanto, gastados. El devenir es pues un cuento o un circo, pues no importa aquel ejercicio intelectual o natural, todo ya está definido.

Pero aquello no es más que un mito, alucinaciones de un hombre senil, consumido por la vejez y una enfermedad mental que lo ha dejado loco, tan loco como los alemanes que le seguirán, que matarán y que basarán sus actos en las ideas nihilistas y de supremacía que ese hombre ha escrito, ¿Cómo un hombre como tu podría creer algo que suena más fantasioso que el cuento de Aquiles jugando a las carreras con una tortuga?

¡Exacto!, podrán ser fantasías pero da para que los hombres se devanen los sesos pensando sobre aquel mito así como lo han hecho con las paradojas del eléata. Aunque nada más lejos de la realidad que considerar, al menos por un segundo, tal postulado como una mera invención. Verás, que hay más detrás de ello y por lo cual Nietzsche dijo que no sería comprendido hasta siglos después…
            Imagine una manera de que el tiempo transcurriera de nuevo, ¿no? Pues la hay, por lo menos en teoría y bastante bien sustentada. El universo se expande y por tanto existe el tiempo. Éste en algún momento dejará de expandirse y se contraerá hasta llevar todo al punto de origen, a la no-existencia anterior a la gran explosión. Y de ahí, amigo mío, todo comenzará de nuevo, de nuevo oscuridad que dará paso a la energía y con ella la luz, luz que verá algún día a los hombres cometer los mismos errores cometidos en un ciclo pasado, y que se repetirán infinitamente. Todo esto cuando el tiempo, como ahora, regrese y verá usted aunque no lo sabrá, que esta conversación ya ha tenido lugar y que nada de lo que me diga cambiará eso.

            Bien cierto es que sus palabras tiene peso. Sin embargo, si los hombres están condenados a cometer un error, también será así con sus éxitos, alegrías y felicidades. ¿Por qué entonces piensa usted en cometer un último error, cuando podría disfrutar de dos alegrías más si no adelantara tan trágico suceso? ¿Y no es bien cierto, también, que el hombre de quien tan ferozmente habla usted también dice que es la misma aceptación de esa continuidad lo que crea al super-hombre? No habrá que alejar la mirada del verdadero sentido de las palabras del alemán, no hay porque querer ver por sobre una colina que no existe. La repetición da levedad a los actos y éstos, a su vez, dejan de infundir terror al hombre. Sin terror podría bien ser usted el Übermensch tan ansiado, pero ha decidido rendirse.

            Dos cosas llaman mi atención de sus argumentos. La primera, ¿quién ha dicho que los actos más leves son los mejores? Segundo, ¿cuándo me he rendido?
De lo primero debo decir que los actos que dan sensación de levedad son aquellos que se imprimen menos en el tiempo y que, al final, en el eterno retornar del tiempo, son aquellos que menos importan. Si hemos de actuar igual por la eternidad, prefiero hacerlo con marcada diferencia del resto. De lo segundo, yo no me rindo. Algo he de entender de los actos humanos y es que, desde el momento de nacer, han de buscar, despavoridos, escondite alguno de la muerte. Y si hay acto de mayor peso para la humanidad entera es ir en contra de ella. Así pues, no me rindo, agrego peso a mi estancia en esta parcela de tiempo, me he de entregar lo que por siempre he temido. Afrenta, a eso me refiero.

            Si así ha de pensar, me temo que nada puedo hacer…

            No ha sido capaz usted de soportar un poco de verdad y por ello veo, mi amigo, porqué es usted una parte tan pequeña en mí, y también he de entender que ha sido usted, mas que molestia, un lastre en mi vida, ha sido usted ese escozor de humanidad que se presenta al momento de enfrentarme a tales cuestiones, aquel molesto zumbido antes de actuar como la verdad suprema me indica, ha sido usted el motivo por el cual tanto he tardado en llegar a estas conclusiones. Pero pequeño es y por ello calla ahora.
            Si ha de callar, debo dar gracias, pues ante todo ha sido esta una buena, aunque inútil, última charla.

***

El hombre del cual se habla acá se abandonó al peso de su decisión. Era él un hombre viejo y enfermo que agonizaba desde hacía unas noches, de nombre Francisco y que veía en él, no sin un poco de ironía, algo de aquel autor checo que escribió sobre un hombre que amaneció un día siendo un insecto.
            Así sucedió con él también que una mañana amaneció enfermo y desde ella se aferraba con el alma a su cama, imaginándose insecto, balbuceando una pregunta a quien se acercara, ¿qué cara tiene Gregorio?

2 comentarios:

Vladimir Villalobos dijo...

Lento pero seguro, ya leí y me gustó...por ahí creo, sólo creo, que te comiste alguna coma o algún acento pero bueno, se entiende. O al menos creo haber entendido después de leerlo un par de veces y repasar a Nietzsche. Las discusiones más álgidas y aleccionadoras suelen darse entre uno con uno mismo.

Saludos.

Claris dijo...

¡Hola Winterchaos! ¿Cómo estás? ¡Cuánto lamento haberte perdido el rastro! Hace un tiempo me comentaste en el blog que había una posibilidad de que te trasladaras a estudiar a Argentina, en la ciudad de Villa María. Quería saber si se concretó, cómo es la universidad, lo que quieras contarme. Si no, igualmente, me gustaría que me cuentes cómo van tus cosas, además de los estudios. El correo donde recibo mails ahora es claris88@ymail.com. Al facebook volví a abandonarlo je.

Un fuerte abrazo.