09 febrero 2013

Diferendo


Existe un diferendo en mi casa que no para, y los acuerdos de paz no prosperan. Esta mesa es mía, dice mi madre, y la usa un tiempo, la olvida y la tomo. Para poca cosa sirve la mesa, pues hay muchas en la casa y ésta no tiene nada de especial, ni un dibujo, una historia o una marca dejada por una taza de café (tan lindas que son). Pero ni eso... Uso la mesa un tiempo, pongo libros sobre ella, trastes sucios o al gato, pero en general podría utilizar otra mesa, la cosa es que ésa me gusta, la aprovecho unos días, la disfruto y termina formando parte del paisaje de la pieza. Cobra importancia cuando madre dice, la mesa es mía, la toma, le coloca un florero, un bol con fruta y el recibo de luz y sucede lo mismo hasta que la reclamo de nuevo.
La historia recuerda a la de aquel archipiélago en el mar del Japón (o de Taiwan si se les pregunta a éstos) que al parecer su única utilidad es mermar las relaciones entre ambos países, compartiendo tanto durante siglos necesitan desesperadamente de estas herramientas para pelear cuando olvidan porqué están peleados. Así con madre, viera, con quien tan sólo comparto un lazo de sangre, quince horas de labor de parto y uno que otro té todas las noches antes de dormir.

08 febrero 2013

Frenesí. Ilusión, sombra o ficción.


Todo lo que escribo es triste y es que nadie escribe sobre lo que desconoce. Aquella noche comprendí que una mujer nunca se enamora de un hombre por lo que éste es, casi siempre por lo que puede llegar a ser o, en el mejor de los casos, de lo que puede llegar a hacer. Absurda idea pensar que el amor entre dos personas es como el choque en el aire de dos hojas que se desprenden del árbol y se encuentran después de ser arrastradas por el tiempo. Para bien del lector es necesario comprender que esto sólo ocurre en otoño, la primavera no es más que el mito fundacional de una secta de seres que se llaman enamorados. (Y es que hago referencia a aquella noche…)
¿Y qué involucra la metáfora dada? Árbol, aire, hoja, otoño… el árbol es simple, poco importa centrarse en él. El aire como la voluntad que empapa el universo, la entropía que todo pudre. La hoja el ser que al desprenderse de su origen se arroja al mundo. El otoño la madurez del hombre, como especie. El encuentro en el aire no es siquiera casualidad, es sueño.
Sueño, hace mucho que no me encuentro en los propios. Gente, lugares, amores, pero no yo. De la voluntad uno se escapa a través de la excitación del intelecto o del sentimiento, es decir o creas o te enamoras, no sin antes tomar conciencia del papel que uno juega dentro de ella. Si Schopenhauer viviera nos diría que ya nada vale la pena ser creado o amado. El padre intelectual de la filosofía alemana (la que merece ser leída) poco tiene que decir ante la pereza de esta generación.
Pereza, se duerme mucho y sueña poco. Y si nos arrojamos al mundo y vemos que para eso nacimos, que poco importa el origen después de darse cuenta de la simpleza del ser, que la existencia entera se reduce a esa caída, a la casualidad de haber nacido hoja (al crimen nacer-hoja), a la casualidad de ser. (Y maldigo a Sartre). Que esa caída representa eso y lo que pase en el aire no queda en nuestras manos.
(Si salto deseo que me tomes de la mano, que seas el puente entre lo absurdo y lo bello). Pocos saben que en primavera se ama mucho pero en otoño se ama mejor. Que el joven ve las flores y cree que es poesía (kitsch), pero el hombre se aparta de toda abstracción y conoce el amor por lo que es y no por lo que quiere que llegue a ser (o a hacer con él).
Si la casualidad es sueño, lo es también la vida, pero eso lo ha dicho mejor Calderón de la Barca… (Ante prosa tan bella qué sentido tiene crear algo, si nadie lo ha dicho mejor que él).
 (Ante todo esto quiero decir que le quiero).

03 febrero 2013

In a silent way - Miles Davis

Si hoy muero será por una sobredosis de tiempo, tiempo sin ti y espera, espera y hastío pues el destino no nos alcanza a rozar siquiera con la punta de sus dedos. Y me decías qué bonita historia al hablar del cómo tus padres se conocieron, pero en realidad ignoras que la historia uno la construye, es decir, la idealiza más que trabajarla. Construyes… perdón. Idealizas un amor, que llegue a ti, espere y luche e ignoras al amor a tu lado, precipitado susurrando a gritos por llamar tu atención. No te enamores de un poeta, quien mucho escribe habla poco y siente y quiere como loco, ignora cómo funciona el querer en las personas, lo escribe, lo siente, pero no lo dice, ni Rotterdam alagaría tal locura que aleja a los amantes de su destino.
   Y es que ambos pensamos en verso y prosa, amor. Imaginamos un amor de novela, un amor cortazariano, de Maga y Horacio, pero ellos saltaron, ¿qué esperamos para saltar, bobalina? La reflexión antecede a la acción, y hemos vivido siempre en un mundo de ideas y suspiros, ambos somos partes contrarias de un puente que no se alcanzan, situados en un precipicio tememos al vértigo, a la altura, a la estrepitosa caída si no llegásemos a abrazarnos en el salto, a mitad de la nada, en la nada te encontré y ahí es donde debo sostenerte.
   Lo que siento por ti me tiene al borde del abismo y hay dos opciones: caer o saltar. El amor, amor, es un juego de asar.