08 febrero 2013

Frenesí. Ilusión, sombra o ficción.


Todo lo que escribo es triste y es que nadie escribe sobre lo que desconoce. Aquella noche comprendí que una mujer nunca se enamora de un hombre por lo que éste es, casi siempre por lo que puede llegar a ser o, en el mejor de los casos, de lo que puede llegar a hacer. Absurda idea pensar que el amor entre dos personas es como el choque en el aire de dos hojas que se desprenden del árbol y se encuentran después de ser arrastradas por el tiempo. Para bien del lector es necesario comprender que esto sólo ocurre en otoño, la primavera no es más que el mito fundacional de una secta de seres que se llaman enamorados. (Y es que hago referencia a aquella noche…)
¿Y qué involucra la metáfora dada? Árbol, aire, hoja, otoño… el árbol es simple, poco importa centrarse en él. El aire como la voluntad que empapa el universo, la entropía que todo pudre. La hoja el ser que al desprenderse de su origen se arroja al mundo. El otoño la madurez del hombre, como especie. El encuentro en el aire no es siquiera casualidad, es sueño.
Sueño, hace mucho que no me encuentro en los propios. Gente, lugares, amores, pero no yo. De la voluntad uno se escapa a través de la excitación del intelecto o del sentimiento, es decir o creas o te enamoras, no sin antes tomar conciencia del papel que uno juega dentro de ella. Si Schopenhauer viviera nos diría que ya nada vale la pena ser creado o amado. El padre intelectual de la filosofía alemana (la que merece ser leída) poco tiene que decir ante la pereza de esta generación.
Pereza, se duerme mucho y sueña poco. Y si nos arrojamos al mundo y vemos que para eso nacimos, que poco importa el origen después de darse cuenta de la simpleza del ser, que la existencia entera se reduce a esa caída, a la casualidad de haber nacido hoja (al crimen nacer-hoja), a la casualidad de ser. (Y maldigo a Sartre). Que esa caída representa eso y lo que pase en el aire no queda en nuestras manos.
(Si salto deseo que me tomes de la mano, que seas el puente entre lo absurdo y lo bello). Pocos saben que en primavera se ama mucho pero en otoño se ama mejor. Que el joven ve las flores y cree que es poesía (kitsch), pero el hombre se aparta de toda abstracción y conoce el amor por lo que es y no por lo que quiere que llegue a ser (o a hacer con él).
Si la casualidad es sueño, lo es también la vida, pero eso lo ha dicho mejor Calderón de la Barca… (Ante prosa tan bella qué sentido tiene crear algo, si nadie lo ha dicho mejor que él).
 (Ante todo esto quiero decir que le quiero).

2 comentarios:

Vladimir Villalobos dijo...

Que bueno que no hablaste del jodido invierno...pero citándote, "ante todo [...] le quiero".

Me gustó tu publicación, no soy mucho de dejar comentarios pero aquí estoy. Saludos, te leo la próxima...

Miguel Castillo dijo...

No sabes qué tanto se agradece el comentario. ¡Saludos!