03 febrero 2013

In a silent way - Miles Davis

Si hoy muero será por una sobredosis de tiempo, tiempo sin ti y espera, espera y hastío pues el destino no nos alcanza a rozar siquiera con la punta de sus dedos. Y me decías qué bonita historia al hablar del cómo tus padres se conocieron, pero en realidad ignoras que la historia uno la construye, es decir, la idealiza más que trabajarla. Construyes… perdón. Idealizas un amor, que llegue a ti, espere y luche e ignoras al amor a tu lado, precipitado susurrando a gritos por llamar tu atención. No te enamores de un poeta, quien mucho escribe habla poco y siente y quiere como loco, ignora cómo funciona el querer en las personas, lo escribe, lo siente, pero no lo dice, ni Rotterdam alagaría tal locura que aleja a los amantes de su destino.
   Y es que ambos pensamos en verso y prosa, amor. Imaginamos un amor de novela, un amor cortazariano, de Maga y Horacio, pero ellos saltaron, ¿qué esperamos para saltar, bobalina? La reflexión antecede a la acción, y hemos vivido siempre en un mundo de ideas y suspiros, ambos somos partes contrarias de un puente que no se alcanzan, situados en un precipicio tememos al vértigo, a la altura, a la estrepitosa caída si no llegásemos a abrazarnos en el salto, a mitad de la nada, en la nada te encontré y ahí es donde debo sostenerte.
   Lo que siento por ti me tiene al borde del abismo y hay dos opciones: caer o saltar. El amor, amor, es un juego de asar.

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