19 marzo 2013

El sueño de Chuang Tzu y la propia realidad

Para poder dar una posible explicación a mis problemas podría utilizar, para aproximarme, el sueño de Chuang Tzu. Éste explica que una noche sueña con haber sido una mariposa, al despertar, se pregunta si no será en ese momento una mariposa soñando que es hombre. Más allá de la interpretación de los sueños, quiero utilizar este ejemplo como las dos posibilidades de realidad a la que nos enfrentamos los hombres, despiertos o soñando. Ambas realidades tienen igual posibilidad de ser, existimos aunque no de igual manera ahora que en sueños, sin embargo, la pregunta de Chuang Tzu “¿seré el sueño de una mariposa?” introduce una nueva variable: la posibilidad de entender en alguna de esas realidades la posibilidad de la existencia de la otra. En ocasiones cuando soñamos, tomamos conciencia de nuestra existencia en la otra realidad. Esto en sentido inverso a la pregunta del filósofo chino, quien se pregunta si no será tan sólo el sueño de lo que él considera un sueño. Ahora bien, para explicar lo que me pasa introduzco una pregunta distinta ero equivalente: ante mi existencia actual de plena felicidad (o con condiciones para alcanzarla) ¿podré aceptar la felicidad siendo como soy? Es decir, siempre he “existido” de una manera y ante esta nueva realidad dudo de que mi ser esté preparado para ella. Hasta ahora entiendo que estoy en igualdad de condiciones que mi pareja a la cual también asaltan este tipo de dudas. Después de tantos fracasos, tantas cargas y heridas (como en canciones populares se les llama al daño que otras personas nos han infringido), me pregunto si aún puedo ser una persona capaz de aceptar la felicidad y sobre todo para cargar con ella. ¡Cargar con ella! Durante años el hombre busca la felicidad y ahora que alguien como yo la encuentra, inadaptado a la felicidad, lo ve como una carga. No es una carga, el mantener la felicidad es un trabajo que se realiza todos los días pero no debe ser una carga. A esto debemos añadir las “otras realidades” diurnas que creo y que interiorizo con mayor facilidad. Creo escenarios imaginarios que me destruyen, cosas que no corresponden a lo que me dicta la realidad, pero que acepto de inmediato y me hieren. Es injusto, mi pareja me dice que me quiere y yo traiciono la confianza pensando que en cualquier momento me dejaría por alguien que pudiese ofrecer algo distinto a lo que yo ofrezco, no mejor ni peor, tan sólo algo que yo soy incapaz de dar, aunque ella no esté interesada en eso. Esta otra realidad es el sueño de Chuan Tzu, es decir estas realidades me hacen pensar si no seré en realidad incapaz de brindar felicidad a quien tan feliz me hace, cuando en realidad soy el sueño de la mariposa, alguien de carne y hueso cuya realidad, si bien puede ser puesta en duda, es inamovible y, por tanto, debe bastarme y debo interiorizarla. 
   Le quiero, me quiere, esa es la realidad y los sueños sobre mariposas deben quedarse ahí.